Hace poco vi la publicación de alguien que conozco. De repente empezó a subir fotos en el gimnasio, haciendo ejercicio, con un corte de cabello nuevo, arreglada y sonriente. Lo primero que pensé fue: «Se separó». Con los días me di cuenta de que sí, que se estaba divorciando.
Me quedé pensando en lo fácil que fue reconocerlo. Porque es algo que se repite: cuando una relación termina, muchas mujeres vuelven al gimnasio, empiezan una dieta, cambian su imagen, retoman proyectos y empiezan a cuidarse.
Y está muy bien. Es una forma de recuperarse. Pero me dejó una pregunta:
¿Por qué esperamos a que la relación termine para volver a cuidarnos? ¿En qué momento, dentro de la relación, nos fuimos perdiendo?
Quiero ser clara: no estoy diciendo que una separación sea culpa de la mujer. Una relación es de dos. Su cuidado también. Lo que quiero es mirar algo que nos pasa a muchas cuando llevamos años en pareja.
Cuando la relación se vuelve una lista de pendientes
Al principio todo era conversación. Se buscaban, se contaban el día, hacían planes solo por estar juntos.
Con los años, los temas empiezan a girar alrededor de la casa, los hijos, las mascotas y las cuentas. Quién recoge a quién. Qué falta en la despensa. Qué hay que pagar este mes. Son conversaciones necesarias. El problema aparece cuando son las únicas.
Sin darnos cuenta, pasamos de ser pareja a ser socios que administran una casa. Ese hombre que antes era tu mundo se vuelve alguien con quien coordinas la agenda. Y tú, que lo eras todo para él, te vuelves la persona que organiza.
A veces lo primero que se apaga eres tú
La chispa no siempre se apaga primero en la pareja. A veces se apaga en ti.
Dejas de arreglarte porque «para qué». Dejas tus espacios, tus amistades, lo que te hacía sentir tú. Poco a poco te conviertes en una función: la mamá, la que organiza, la que resuelve.
Y cuando una de las dos personas desaparece dentro de su rol, es difícil que la relación siga viva.
No se trata de culpar a nadie. Se trata de no abandonarte dentro de tu relación.
Cuidarte no es hacerlo para que él no se vaya. Es hacerlo porque tú sigues importando, también dentro de tu matrimonio. Lo que una mujer hace por ella después de un divorcio también tiene lugar hoy, mientras construyes tu relación.
Volver a ser novios
Si la conexión se fue perdiendo en lo cotidiano, también puede recuperarse en lo cotidiano. No hace falta un gran gesto. Hace falta intención, de los dos.
Te propongo este ejercicio de reconexión para hacerlo en pareja durante un mes:
- Una cita al mes, solo para ustedes. Sin hablar de niños, de cuentas ni de pendientes.
- Arréglense el uno para el otro, como cuando empezaban a salir.
- Pregúntense algo que todavía no sepan: ¿qué sueñas hoy?, ¿qué extrañas de nosotros?
- Recuerden juntos cómo se conocieron y qué fue lo que los enamoró.
- Cada semana, un gesto pequeño que el otro no espere: un mensaje, una nota, una invitación.
No se trata de volver a ser quienes eran hace diez años. Se trata de volver a mirarse.
Si solo lo intentas tú
Una relación se reconstruye entre dos. Puedes dar el primer paso, invitar y proponer. Pero si durante mucho tiempo eres la única que lo intenta, eso también es información.
Y si en tu relación hay gritos, desprecio o miedo, no se trata de recuperar la chispa. Se trata de cuidarte. Buscar apoyo profesional también es una forma de hacerlo.
Si quieres darle claridad a la relación que quieres vivir este año, el taller «Antes de que llegue el amor» también es para mujeres en pareja. Es el 16 de enero, presencial en Ciudad de Panamá o virtual por Zoom.
Conocer el taller¿Qué harías hoy por ti y por tu relación si supieras que todavía estás a tiempo?
Te abrazo con muchísimo cariño.
Michelle Riley
Master Neurocoach & Trainer